8 de mayo de 2011

El bullying y Daniel

Bueno, en el otro blog les compartí una nota de mis investigaciones sobre el bullying y como enfrentarlo, algunos puntos de referencia en especial con los niños con Síndrome de Williams, y les contaba que tenía especial interés en éste tema, porque es una charla recurrente con Daniel y sé que muchos padres como yo, están pasando por situaciones similares, y es mi deseo que la publicación les pueda orientar, si bien al igual que ellos estoy aprendiendo, creo que vale la pena intentarlo. 
Desde pequeño, ha enfrentado ésta situación en el kinder, creo que yo lo había manejado de manera muy liviana y todo parecía ir bien, siempre diciéndole que no era culpa de él, sino que los otros niños no tenían la suerte de él de tener una familia que lo amara y lo educara en el respeto a los demás, que realmente no le decían la ofensa porque quisieran sino porque lo repetían desde el ejemplo en casa, y que ni ellos mismos sabían que significaba, reafirmando una y otra vez que lo amábamos, que es importante para nosotros y que al sentir desagrado de esos comentarios, él no debía repetirlo a otros niños. Mal que bien, ahí la llevábamos; hasta antes de las vacaciones, cuando la molestia de compartir espacio por parte de uno de los niños acosadores llegó al punto de aventarlo en un inflable cuando tranquilamente disfrutaba del festejo del día del niño, festejo al que él igual que sus demás compañeritos tenía derecho, del mismo modo que las vacaciones que teníamos planeadas para él, mismas que tuvieron que ser canceladas y modificadas debido a que tal empujón lo llevó a urgencias con el brazo roto.
En aquel momento estuve primero preocupada por su brazo, temía que el daño requiriera de una intervención quirúrgica (sabemos que con los niños con SW hay que tener especial atención en cuanto a la anestesia), de las consecuencias que tendría y obviamente del costo de toda la intervención y después, de la preocupación pase a la rabia, cuando llorando me contó como sucedieron las cosas, y peor aún cuando me comunicaron que la escuela poco podía hacer para probar como sucedieron las cosas y menos aún poner en expulsión al niño y no porque la directora no quisiera, sino porque la autoridad de educación aquí en México (SEP) había dispuesto que los colegios, no pueden expulsar niños, que esa figura ha desaparecido, que pueden dar amonestaciones y suspensiones temporales, pero no expulsiones. ¿¿¿¿????? Entonces que? los niños pueden hacer lo que quieran? llegar a sobre pasar los límites que se les antoje? No sé como pudieron poner una norma así. Realmente si los hijos son expulsados de las escuelas, como padres debemos preguntarnos la causa, no se expulsa a alguien nada más porque sí, generalmente viene acompañada la expulsión de un historial bastante largo de amonestaciones y visitas a la dirección por mala conducta. O al menos así era en mi época de estudios. Increíble que no haya más castigo para estos menores que van que vuelan para ser pequeños infractores, y si no se corrigen a tiempo seguro tendrán conducta delictiva. Con todo, sigo enojada con el niño y con su familia, porque ni siquiera han sido para pedir al menos una disculpa por lo ocurrido (y ni la darán), pero ya que el tiempo ha pasado me dan pereza y lástima, pues no creo que se den cuenta del problema que están gestando al no atender las necesidades de su hijo. Y al contrario me siento orgullosa de nuestra familia porque estamos formando un hijo en el amor y el respeto a sus semejantes, tratamos a cada momento que se de cuenta que la base de la armonía en la convivencia es el respeto a los demás, a eso se resume todo, si me respeto me quiero y puedo respetar a los demás, su persona, sus espacios y sus pertenencias. 
No puedo tampoco dejar de lado que también Daniel ha tenido sus "detalles" en la escuela (considero que su alimentación era en parte responsable), hace unos dos años, teníamos el problema precisamente de que no se entendía con uno de sus compañeros de escuela, estuvimos varias veces en la dirección por lo mismo, y yo siempre le llamé la atención, le castigue y pedimos disculpas reiteradas a la familia del niño y al niño, además que se trató el asunto con los psicólogos y psiquiatras que lo atienden, es decir, cuando mi hijo presentó una conducta inapropiada, que ponía en riesgo su integridad física y la de los demás, acudí por ayuda y fue la mejor decisión, porque la conducta mejoró considerablemente (y la mejoría fue aún mejor al seguir la dieta sin gluten), Daniel entendió el daño que ocasionaba al otro niño y (confirmado por su maestro), hoy se ven en la escuela sin mayor problema, cordiales e incluso en ocasiones hasta desayunan juntos platicando animadamente de los programas de TV y juegos de moda. 
Regresando al brazo roto, los problemas, obviamente no han terminado, ha pasado ya la primera semana de clases, ya le quitaron el yeso y nos dicen que ha soldado bien. Ya está dado de alta (una preocupación menos) y desde que leí en la publicación como enseñarlo a actuar para fingir desinterés en lo que el acosador le diga, no hemos dejado de practicar,  y lejos de ser una tarea aburrida, resultó ser una experiencia bastante divertida cuando escucha las respuestas improvisadas que le doy cuando yo fingiendo ser él, soy blanco de las frases que le repiten a él esos niños, le causa mucha gracia y diversión y creo que por eso mismo es que me pone atención y práctica como decirlo para oírse igual que lo he dicho yo. Me da ternura, porque no es capaz de darse cuenta de la maldad que a veces llevan esos comentarios, no entiende que lo que le dijeron en ocasiones es una ofensa, ante lo cual, mis papás y yo le explicamos la verdadera intención y es entonces cuando abre sus ojos grandes, y nos mira incrédulo y asombrado, y nos dice ¿de verdad?. Entonces, me pregunto que tan bueno será hacerlo ver la realidad, quiero que sea feliz, que no sufra y trato de hacerlo entender que lo que sus compañeros opinen sobre él, no es siempre verdad, que son comentarios a veces motivados por el enojo, por la soledad o por situaciones difíciles que los otros niños pasan y creen que eso les da derecho a molestar a los demás. No es así, no tiene derecho, pero están enojados, sólo no les prestes importancia, son niños invisibles, dedícate a estudiar y poner atención, y aléjate de ellos para no estar en problemas. 
Quisiera que solo se tratara de una etapa más a superar, o de un mal sueño del que te despiertas y ves que no era real, pero no es así, tenemos mucho camino por delante, hay que empañar un poco la visión rosa que tiene Daniel de la vida, a finalidad de protegerlo de maldades futuras, me parece terrible, complicarle la existencia, manchar su inocencia, pero creo que si no lo sabe, menos lo entiende y menos puede defenderse. Pero bien dice la nota, papá, mamá, no podemos estar todo el tiempo tras de ellos defendiéndolos, pero ellos si pueden aprender a defenderse. Ojalá y sea nuestro caso.
¿Cómo es posible que los padres no pongan límites? ¿Es que los hijos no importan? Parece que los padres, estamos inmersos en nuestros propios mundos, el trabajo, los amigos, las responsabilidades financieras nos están distrayendo de lo realmente importante: nuestros hijos, esas vidas que dependen íntegramente de nosotros y que hoy vemos sin dar importancia pero que mañana, nos pagarán de la misma manera, con el desapego y desinterés que un día siendo niños, les mostramos nosotros.
Ya les iré contando más adelante como le va a Daniel con este asunto, si ha tenido resultados positivos o no. Con el corazón espero que si, se me arruga el corazón nada más de pensar que viene la adolescencia y si no logramos superar con éxito estos primeros "golpes" terminaremos para entonces nockeados y con el autoestima por los suelos.
Le he enseñado un cuento que encontré, donde la protagonista (sujeto de abusos por sus compañeros) resuelve las agresiones de un modo tranquilo restándole importancia al comentario de sus acosadores. Es un cuento y se llama Orejas de Mariposa. Disfrútenlo!



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